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LA COMARCA Y LA D.O. EMPORDA

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Nuestros vinos proceden de la comarca del Alt Empordà, la cual se encuentra en la zona más nororiental del país.

En esta comarca las montañas de los Pirineos se encuentran con la Costa Brava , costa abrupta y recortada, balcón del mar Mediterráneo. Esto genera una riquísima diversidad biológica y paisajística.

El Alt Empordà está formado básicamente por una llanura aluvial recorrida por los ríos Muga y Fluviá, la cual asciende hasta los macizos que la rodean.

La Denominación de Origen Empordà, creada en 1972, abarca la zona vinícola desde l'Albera hasta la Serra de Rodes y la Garrotxa d'Empordà.

Incluye el municipio en que se produce el vino: Vilajuïga, que se encuentra en el área de influencia del Parque Natural del Cap de Creus, creado en 1998.

 

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CLIMA Y SUELOS

 

 

 

Las condiciones climáticas y geológicas del Empordà son extremadamente adecuadas para obtener vinos elegantes, con estructura y de marcada personalidad.

El clima es mediterráneo de matiz marítimo, cálido y húmedo. Los inviernos son suaves y los veranos cálidos pero moderados por la acción de la brisa del mar, siendo la temperatura media en Figueres, la capital de la comarca, de 15 ºC .

Alta insolación, pluviometría notable y frecuencia de vientos violentos son las notas más destacadas de su climatología.

La Tramontana, viento seco de componente norte, generalmente frío y violento, que sopla a ráfagas, es local y se debe a las corrientes de aire que se trasladan del Atlántico al Mediterráneo. Su duración media es de 3 días, pero hay registros de 23 días, con velocidades de hasta 120 km/h , y se da sobre todo en invierno. Favorece la evapotranspiración, y reduce la posibilidad de que los cultivos contraigan infecciones.

Los suelos de las pendientes son delgados, pedregosos y secos. En cambio, a pie de monte y en los valles se acumulan materiales de textura fina.

Estas condiciones de relativo estrés de la viña permiten obtener uvas complejas con unas excelentes y complejas características aromáticas.

 

 
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PAISAJE

 

 

 

La actividad humana, la geología y los peculiares factores climáticos del Cap de Creus han definido su paisaje, el cual inspiró la genialidad de artistas como Salvador Dalí o Picasso.

 

El cultivo tradicional de la viña se hacía en terrazas de un ancho variable según la pendiente, con regueros flanqueados por pared seca. Se calcula que, en la zona del Cap de Creus, estas “parets seques” suman una longitud de 2.000 kms.

Además, muchas fincas contaban con una barraca de piedra seca, que solía ser redonda y baja para no ofrecer resistencia a la tramontana, y servían para guardar las herramientas o protegerse de las inclemencias del tiempo

Esta arquitectura de piedra seca, surgida del esfuerzo del pueblo para su subsistencia, ha generado un paisaje peculiar, totalmente mediterráneo.

 

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HISTORIA

 

 

La viña ampurdanesa es de las más antiguas de España.

Empuries se considera tradicionalmente como la puerta de entrada por la cual los griegos introdujeron el cultivo de la viña en la península, hacia el año 600 a .c.

La tradición vinícola continuó con los romanos, y fue consolidada definitivamente por los monjes benedictinos.

La reconquista por parte de los francos, que lleva a la creación del Principat de Catalunya, permite una explosión demográfica que hace que las tierras abandonadas durante la invasión árabe fuesen distribuidas por el rey a sus compañeros de armas y a la iglesia.

Los monasterios benedictinos de Sant Pere de Rodes, Santa María de Roses y St. Quirze de Colera, creados a finales del siglo IX y principios del X, convirtieron las vertientes de la sierra de Rodes, cubiertas de vastos bosques de encinas y alcornoques, en terrazas donde se cultivaba principalmente la viña, aunque también trigo y olivo.

De hecho, el primer tratado de enología catalán es el del bodeguero de Sant Pere de Rodes , Ramón Pere de Novas, que dicta normas para una mejor elaboración del vino.

En los siglos de esplendor, XVIII y XIX, la viña se destina principalmente a exportación. Desde Cadaqués se llevaba vino a Cádiz para luego embarcarlo hacia América, a Francia para hacer mezclas, y a Génova y Roma para intercambiarlo por trigo, siendo Cadaqués y Roses puertos adaptados para descargar este cereal.

En los años 1870, la filoxera destruyó la viña francesa, lo cual hizo que el vino subiera de precio, y que aumentara aún más la superficie cultivada en Cataluña. Sin embargo, en 1879 destruyó toda la viña en el Empordà.

Este cultivo se recuperó, como en el resto de Europa, empleando pies resistentes a esta enfermedad, e injertando en los mismos las variedades tradicionales que, cuidadas con esmero, permiten conseguir los vinos tan característicos de esta denominación de origen.

Más información:

Teresa Franquesa i Codinach. “El paisatge vegetal de la peninsula del Cap de Creus”. Premi Enric de Larratea, 1991. Institut d'Estudis Catalans, Barcelona 1995.

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